Cómo cada día, el caminante consciente escucha y recorre su propio cuerpo.
No busca nada especial, solo observar cómo se encuentra.
Primero escucha sus pies, cansados pero presentes.
Luego observa las piernas, el abdomen y el pecho.
No corrige nada, solo observa.
Cuando llega el momento de observar la respiración, se detiene.
Nota si es amplia o corta, si hay resistencia o si fluye. No fuerza, solo deja ser.
Entiende algo simple: que el cuerpo siempre habla, pero solo puede escucharlo cuando camina despacio.
Hoy se es caminante.
Tómate un instante para escuchar y observar lo que la práctica deja tras de sí.
Sin juicio, sin prisa, solo presencia.