Primeros meses de práctica

Al principio, la esterilla es un espejo de nuestros ruidos: el cuerpo protesta, la mente se dispersa y el reloj parece ir más despacio. Sin embargo, si sostienes la práctica con paciencia, algo mágico empieza a suceder a los pocos meses. Casi sin darte cuenta, notas que tu respiración se vuelve más profunda en mitad de un día tenso. Descubres un espacio de flexibilidad en tu cuerpo que creías perdido y, al terminar Shavasana, te inunda una sensación de calma limpia, como si hubieras ordenado una habitación que llevaba tiempo revuelta. El yoga no cambia lo que ocurre a tu alrededor, pero empieza a transformar el lugar desde donde lo miras.

¿Qué ha cambiado en tu diálogo interno? Cuando una postura se vuelve intensa o te cuesta mantener el equilibrio, ¿te hablas con exigencia o empiezas a mirarte con más paciencia y amabilidad?

¿Dónde notas el yoga cuando estás fuera de la esterilla? Puede ser una postura más erguida al caminar, más paciencia al responder a alguien o simplemente una mayor consciencia de tu propia respiración durante el día.

Si tu cuerpo pudiera hablar hoy, ¿qué te agradecería más de estos primeros meses de práctica? (¿El espacio para estirarse, el silencio mental, el tiempo exclusivo para ti…?).

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